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“Girls don’t cry” by Agnès Bes (Spanish)

Jul 16th, 2013

It’s a good feeling when people tell you that your images meant something to them. It feels even better when they write an insightful essay about your photography. Agnes visited my exhibition in Barcelona and wrote this post about my series “GIRLS” on her blog.

Fotos. Anuncios. Dibujos. Cómics. Películas. Pinturas. Videos. Carteles. Pantallas. Pantallas. Pantallas. Pantallas. Pantallas. Sin duda (y no es novedad) la nuestra es una sociedad eminentemente visual, en la que la venerada IMAGO prevalece por encima de todas las cosas. Clasificar lo tipos de imagen sería una burrada pretenciosa, cada una tiene su propio status, su propia historia, y sobre todo, su propia intención comunicativa, en ocasiones muy evidente y en otras específicamente escondida.

Siempre me ha dado la sensación de que todos los imputs que vamos acumulando y archivando a medida que va pasando el tiempo por nuestro ojos, forman una especie de mapa/mosaico de imágenes (como aquellos tan currados que se pusieron de moda hace pocos años) que crean una suerte de red mórbida y maleable, que se va filtrando en nuestro ser, hasta configurar un background de imágenes mentales derivadas, en las que sin querer, creemos profundamente. Hace poco me descubrieron una serie de fotografías, de las que me gustaría escribir aquí, que incidieron por sorpresa en mi archivo de imágenes creadas, rompiendo el impuesto estereotipo de feminidad que lamentablemente, tenemos incrustado en nuestra retina enferma por sobredosis. Estamos acostumbrados a que las bases de nuestra cultura visual sean la artificialidad y la banalidad. Desde las típicas publicidades, en las que todo brilla por la evidente manipulación con elphotoshop de turno (anuncios de tías pseudobuenorras en lencería hortera, top-models o modelitos de a pie con las mejores piezas de marcas multinacionales, incluso anuncios de detergente o de cualquier cosa que se nutren de topicazos), hasta llegar a la intoxicación de filtros de Instagram, herramienta imprescindible para convertir más cool todo lo supercool (especialmente cualquier festival de música). La cuestión es maquillarlo de alguna manera, darle una forma, en la que sinceramente, cuesta identificarse plenamente: nosotros, aunque diaria e inconscientemente lo intentamos (movidos por las olas de la marea irrefrenable), no somos así.

Maquillaje precisamente es lo que no llevan ninguna de las protagonistas de la serie Girls[1], que el fotógrafo belga Danny Van der Elst expuso no hace mucho en Barcelona[2] y que presenta 21 retratos de mujeres. Tan simple como eso. Tal como explica el mismo autor, los ingredientes de este trabajo de extrema sensibilidad, son, a parte de las participantes (que no son modelos) sin ningún tipo de ropa ni maquillaje, la luz natural y una premisa. Antes de posar para su objetivo, Danny preguntó a cada una de las chicas, quién era y les pidió que lo miraran pensando en la persona que más impacto emocional había tenido en su vida. No les habló ni de tristeza, ni de dolor, ni de llanto. Y sin embargo, en cada una de esas caras y esos cuerpos se puede leer la historia de una pérdida, de una emoción profunda y dolorosa. Las hay en primer plano, y las hay de cuerpo entero: desnudas por fuera y sobre todo, por dentro. Se erigen de la forma más bella y natural, emanando una feminidad arcaica, antigua, a la vez divina y terrenal. Sin quererlo ni pretenderlo, por arte de su propia esencia y gracias a la capacidad del fotógrafo, se convierten en imágenes arquetípicas de emociones inherentes al ser humano, en las que cualquier persona se puede espejar. Me dejaron hipnotizada, y lo siguen haciendo. Me recordaron que la feminidad más poderosa, no es aquella que renuncia a si misma, sino la que potencia lo que nos hace diferentes, la que aúna lo mejor de lo que nos enseñaron nuestras abuelas con las libertades y justas posibilidades que nos brindan nuestros tiempos. Poder desnudarse delante de una cámara sin fingir, mirando hacia dentro sin dramatizar, sin especular: que pueda mostrarse una lágrima sin que haga falta llorar.

Text: Agnès Bes, all rights reserved
Comments and suggestions: danny@dannyvanderelst.be

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